Breve historia de La Zona

 




Va a convenirme comenzar a narrar  situando a quien me lea en el terreno donde los hechos tendrán lugar. Se trata de un yermo muy lejano, en tiempo y espacio, de lo que vemos en nuestro día a día. El reino de la anarquía, un lugar que ignora las reglas que le permiten a los humanos vivir en armonía (¿o será, en verdad, el laboratorio que brinda las condiciones idóneas para que la verdadera naturaleza humana brote?). Estoy hablando de un vasto espacio de 32 kilómetros cuadrados alrededor de la Central Nuclear de Chernóbil. 
Un universo ficticio en donde veinte años después del accidente original, se repitió una segunda explosión del reactor 4, alterando las condiciones ambientales de forma sobrenatural. Tomando en cuenta la extensión del terreno y el hecho de haber sido evacuado en 1986, es posible afirmar que se trata de un lugar remoto, olvidado por el paso del tiempo. Casi cuarenta años han transcurrido desde su "normalidad". Muchos bosques y abiertos espacios verdes, con algún que otro pueblo o fábrica dispersa (conectados por una pequeñísima cantidad de carreteras, algunas líneas de tren y una única de autobús)que desde entonces pasaron a ser propiedad de la fauna silvestre.
Perros que han quedado ciegos por la radiación, cerdos que se deformaron al punto de parecer bolas de carne sin ningún rastro de naturaleza, vagando por las granjas en busca de devorar cualquier ser vivo que se cruce en su camino. También los hay gatos salvajes, de gran tamaño, que se mueven en manada para rodear y atacar por sorpresa a quien esté lo suficientemente desprevenido y quién sabe qué clase de criaturas se pueda encontrar aquel que decida probar suerte y adentrarse en los confines más oscuros de este paisaje tétrico.
Pero los bosques petrificados por la lluvia ácida no son la única imagen que La Zona nos regala. Sin importar si es urbano o rural, la magnífica explosión cambió, de algún modo, las leyes naturales del universo (al menos en éste recóndito lugar). Con ella, aparecieron alteraciones espacio-temporales que llamaremos anomalías.
Estas anomalías tienen propiedades únicas en el mundo; las hay de tipo vórtice, que emiten ráfagas de aire supersónicas que empujan con fuerza a todo elemento que se pose sobre ellas. Hay otras que son capaces de formar un remolino, levantan a su víctima haciéndola girar en el aire para luego "explotar" en mil pedazos.
Otras, radican en las hormonas de la flora; en las zonas pantanosas cercanas a Chernóbil se encuentran aquellas que han desarrollado una toxicidad capaz de corroer cualquier material orgánico. También existen aquellas que "sienten" la presencia de los seres vivos, se trata de una especie de lianas que cuelgan de lugares que otrora fueron habitados por humanos, tienen sus raíces, tan débiles y frágiles que parecen polvo, conectadas en el suelo. Si alguien las pisa, caerá sobre él un rocío de ácido que se asemeja a un caldo de aguas residuales de la antigua planta de energía nuclear.
Sin embargo, también las hay aquellas que se vinculan más directamente con la tecnología: en aquellos lugares donde existía una conexión de servicio eléctrico, persiste una energía intermitente, de gran voltaje, capaz de arrojar una descarga mortal sobre cualquier material conductor. Lo mismo ocurre en los complejos industriales y en los hogares respecto a las tuberías de gas, si alguien no percibe el aroma viciado y se atreve a adentrarse sin precaución, cualquier movimiento brusco calcinará al instante con una llamarada infernal todo lo que se encuentre en la habitación.
Y usted dirá ¿por qué no sólo ignoramos un lugar como ese? con todas estas advertencias y señales de "aléjese". La respuesta quizás le parezca descabellada: verá, detrás de los peligros encarnados en ser devorado por un animal mutante, reducir la esperanza de vida por los roentgens que emana la central nuclear, o el temor a acabar reducido a polvo por una anomalía, existe un elemento particular (dentro de todos los elementos particulares) que sólo se consigue en La Zona.
Estoy hablando de los "artefactos".
Le dejaré un breve momento para que su sentido común produzca una definición para los "artefactos". Notará que lo puse entre comillas, esa es una pista para direccionar su mente en la posibilidad de que no esté hablando de los bienes abandonados por los habitantes evacuados. Si bien, pueden llegar a ser un motivo para que algunos aventurados saqueadores ingresen para intentar hacerse ricos, la verdadera riqueza radica en las mismas anomalías.
Si bien son trampas mortales y carentes de cualquier lógica común que conozca usted, también son capaces de producir elementos que no existen (o al menos, eso creemos) en ninguna tabla periódica.
Desde una melaza con textura gelatinosa capaz de cerrar heridas y regenerar el torrente sanguíneo, hasta piedras anti-gravitatorias que desvían proyectiles. Las hay aquellas que afectan la temperatura y ofician de refrigeradores o combustibles portátiles que, en las manos adecuadas, representarían avances científicos sin precedentes. Imaginemos por un breve instante que existiera una roca que cura el cáncer, ¿Qué tan valioso puede ser eso? Exacto, es incalculable. Cualquier oportunista con suficiente valor podría ser capaz de ir y tomarlos, a riesgo de perder su vida, y regresar (con suerte) con una fortuna. 
Es por ello que el Ejército Spetsnaz controla las entradas, aunque, con los contactos adecuados, o un buen soborno, siempre se puede colar alguien clandestinamente.
El boca en boca provocó una ola de migración masiva de individuos que se dedican a cazar artefactos, que llamaremos "stalkers", pero también los hay aquellos que cazan a éstos últimos. La Zona se convirtió en una anarquía por la existencia de grupos con diversos intereses, que han tomado antiguos pueblos y fábricas como sus bases de operaciones.
Algunos conviven entre ellos, no todo el mundo es un asesino inescrupuloso, los hay quienes mantienen un pequeño grado de humanidad y no buscan arruinarle la vida a gente inocente.
Sin embargo, también vemos ex convictos, bandidos, secuestradores y asesinos que, escapando de la justicia, han llegado hasta aquí, al reino de las sombras. Los bandidos son "personas" que carecen de humanidad, le roban a los stalkers primerizos (como si no bastara con la amenaza mutante, los contadores Geiger que explotan y las anomalías). Les cuentan fábulas acerca de lugares repletos de artefactos para luego emboscarlos, robarles todo lo que tienen y (si tienen suerte) abandonarlos en el medio de la nada sin comida ni agua para sobrevivir.
Pero no todo es blanco o negro en este lado del planeta, al contar con algunos vestigios de lo que alguna vez fue civilización, ésta floreció de la semilla que plantó el apocalipsis.
Hay algunas personas que persisten en mantener un código moral, con diferencias filosóficas que radican, en principio, en su concepción sobre La Zona. Ese disentimiento mutó hasta tomar forma de facciones, muy variadas en sus objetivos, pero con un código que les es común a todas: mantener la humanidad.
Es muy simple, ser un stalker significa ser humano. Ayudar a tus amigos cuando éstos lo necesiten, no traicionarlos, compartir tus medicinas y alimentos con ellos, cubrirles las espaldas en combate y dormir bajo el mismo techo (o junto al mismo fuego). La diferencia de ideologías acerca de los contratiempos que presenta La Zona se tradujo en dos grupos muy fuertes (que nada tienen que ver con los bandidos ni con los aventureros que buscan artefactos).
Por un lado, está la facción del Orden, cuyos miembros en su mayoría habían sido militares. Los colores característicos del uniforme que portan son un negro carbón que predomina (y podría llegar a confundirse a lo lejos con los abrigos de cuero que utilizan los bandidos) con algunos distintivos parches rojizos con una tonalidad avinada, casi bordó. Estos individuos cuasi hostiles sienten un odio natural por La Zona. Creen que los peligros que ésta representa podrían amenazar al mundo entero, entonces, se autodenominaron los elegidos para destruirla. Su base de operaciones era un antiguo complejo industrial que estaba conectado por ferrocarriles con las ciudades de Pripyat y Limansk. Ahora quedó abruptamente dividido en dos debido a la catástrofe, contando con unas pequeñas propiedades que presuntamente oficiaban de vivienda y depósito para los obreros. La zona "habitable" (llamada Rostok) cuenta con algunos pequeños hangares y sótanos (refugios nucleares construidos durante la Guerra Fría). En uno de ellos está ubicada una taberna: el famoso Bar "Los 100 Rads" (que es la cantidad de dosis de radiación con la que un ser humano comienza a sentir los síntomas del envenenamiento), está dirigido por el Tabernero, un tipo simpático y respetado por todos los stalkers de bien, se comenta que está en La Zona escapando de su pasado. Luego de encontrarse con una anomalía que casi le arranca la pierna decidió cambiar de oficio, fundó este sitio como un punto de encuentro para todo aquel que quisiera disfrutar un buen vodka y el exquisito pan con chicharrón hecho a partir de grasa de jabalí. Pero no dejes que esa imagen cordial lo defina: detrás de su renguera y sus palabras amables es un comerciante con contactos, que sabe todo lo que pasa en este lugar, por un buen precio es capaz de hacerte pasar a Rostok sin que los muchachos del Orden hagan muchas preguntas. También tiene algunos empleados; Gary, el portero y Tolik, un militar capturado por andar husmeando donde no debía, por fortuna, tiene una excelente comprensión de la mecánica y, además de brindar mantenimiento al bar recibiendo como "salario" la posibilidad de seguir viviendo, es capaz de reparar prácticamente cualquier equipamiento (trajes, armas, dispositivos electrónicos), aunque claro, el Tabernero es su representante y la comisión es del cien porciento.
Pasando un cordón improvisado que oficia de muro de contención, se encuentra la vieja estación de tren de la fábrica, con un tramo subterráneo que quedó abandonado luego del accidente, y una obra en construcción que ahora es un nido de alimañas. Este lugar tan peligroso es conocido como el "territorio salvaje", lleno de mutantes y anomalías peligrosas que obligan al Orden a dejar serenos para vigilar esa frontera. Se dice que por las noches se escuchan rugidos infernales, pero nada parecido a los mutantes comunes. Como si se tratara de almas en pena cuyo propósito es destruir. Algunos de los guardias narran la historia del balde anti pesadillas:

 

En esta parte de La Zona es casi imposible dormir... 
Yo tengo suerte, no puedo dormir de todos modos, pero las pesadillas que tiene la gente... A veces no se despiertan por la mañana. Algunos sufren ataques al corazón... Otros, pierden los estribos o se vuelven locos... Pero se dice que existe un remedio. Si no puedes aguantar más sin dormir, busca un balde viejo, una olla grande servirá, un tacho o algo... Lo importante es que no tenga agujeros... Mete la cabeza adentro y dulces sueños...
 

Quizá sea solo una tradición, para poder conciliar el sueño cuando se está tan lejos de casa. Pero esos gritos de pesadilla y el hecho de que prácticamente nadie sale del territorio salvaje con vida deja mucho en qué pensar.
Nos hemos desviado del tema. Todavía me falta presentar al otro grupo: la facción de la Libertad, que, a diferencia del Orden, la mayor parte de sus miembros fueron stalkers libres, cazadores de tesoros como casi toda persona de bien que vino a La Zona. Son filosóficamente antagónicos con el Orden; si ellos quieren erradicar los peligros de La Zona, éstos, en cambio, adoran, como su nombre lo indica, las libertades que ésta ofrece a los individuos. No les interesa el conflicto con los bandidos, pues cada quien tiene la posibilidad de elegir su propio camino, por lo que tampoco están enemistados con los stalkers libres. Su simple existencia se limita a enfrentarse con el Orden y a la necesidad de agruparse bajo una organización que permita a sus integrantes adentrarse en los confines más peligrosos de La Zona para "ganarle tierras" a los mutantes y obtener artefactos únicos en su clase. Su base principal se ubica en los viejos almacenes militares donde el Ejército de Kiev guarnecía y depositaba vehículos y armamento. Los stalkers más veteranos encontraron prototipos de blindaje pesado que había sido diseñado para pruebas de resistencia a la radiación (probablemente enfocados en la posibilidad de combatir en un escenario nuclear de condiciones similares a la radiación de Chernóbil). Se trataba de exoesqueletos que aumentan la resistencia balística y están equipados con un circuito de respiración de ciclo cerrado, además de permitirle al usuario cargar con grandes cantidades de peso. Sin embargo, no son muy eficaces contra las anomalías.
Los stalkers de Libertad viven en constante combate con sus vecinos del Orden. Apenas dos kilómetros separan sus centros poblacionales entre sí, siendo Rostok y el Bar probablemente el núcleo urbano con más concentración poblacional de toda La Zona. Los pseudomilitares no permiten, por ejemplo, la libre portación de armas en su base, por lo que los stalkers "turistas" deberán guardarlas y acatar toda señal de alto que los guardias adviertan.
Por otro lado, en Libertad al parecer disfrutan de contradecir en todo sentido éstas normas. En los almacenes se permite ir armado, incluso entrar libremente a las instalaciones sin derecho de admisión o invitación mediante, además de poder enlistarse prácticamente cualquier individuo que no haya estado directamente vinculado a las filas del Orden.
A pesar de su amor por el libre albedrío, Libertad tiene una estructura jerárquica y un código de conducta similar al de los stalkers independientes. Tienen líderes y comandantes que toman las decisiones estratégicas y asignan misiones al grupo, sin embargo, las decisiones importantes se definen por la vía democrática. Todos los miembros tienen la posibilidad de elegir un delegado que los represente en las asambleas.
El paisaje que adorna sus bases es una síntesis de la idiosincrasia de ambos bandos: mientras los almacenes militares de Libertad se llenan de júbilo por las noches con los payadores y sus guitarras, o por las rondas de chistes provenientes de las borracheras a altas horas de la madrugada, en Rostok, el Orden expone sin pudor alguno los cadáveres de sus enemigos, que cuelgan de los árboles aledaños a las entradas. Por si fuera poco, poblaron toda la pradera adyacente con minas de proximidad y exhiben empaladas las cabezas de mutantes y stalkers que se atrevieron a atacar su distópica civilización. Algunos, que quizá tuvieron la "suerte" de no ser ejecutados al instante fueron secuestrados y humillados como medio de entretenimiento. Se los obliga a combatir a muerte contra mutantes capturados en una macabra parodia a las corridas de toros. Otros, conociendo su destino y no pudiendo hacer más que acatar órdenes, se enfrentan en una Arena contra stalkers retadores, algunos del Orden, otros simplemente aspirantes a ganar algún dinero de las apuestas. A los prisioneros no les dan protección para las balas, y sus armas están en un estado desastroso, fueron deshumanizados por quienes irónicamente predican la necesidad de erradicar los horrores de La Zona. 
En resumen, en este paraje lejano y peligroso de Chernóbil coexisten también terrores con forma humana.
Hemos hablado de Rostok y su territorio salvaje, de los Almacenes Militares, mencioné Pripyat y también Limansk, hice referencia a los bosques y a los pantanos, pero no ubiqué geográficamente todas estas áreas para tener noción de la peligrosidad de cada una.
La Zona debe ser pensada como un círculo concéntrico. Esto es, un conjunto de figuras que comparten el mismo centro (en este caso, la Central Nuclear de Chernóbil). Al situarse al norte de Kiev y encontrarse tan cerca, en su propio norte, de la frontera con Bielorrusia, nos interesa principalmente todo lo que ocurre al sur de la Planta.
Es decir que debemos considerarla como el punto más al norte de toda La Zona. Cuanto más cerca estemos de ella, más peligros encontraremos. Bien, permítanme ubicar algunos puntos de interés que nos ayudarán a ubicarnos en el espacio que estamos analizando.
En total contraposición, las regiones más al sur son las que se componen por el Cordón Militar que separa al mundo real de "La Zona" y muy cercano a éste, se encuentran los grandes pantanos.
En el Cordón se ubica la frontera que custodia el Spetsnaz y por donde, en teoría, nadie debería cruzar porque es una zona de exclusión. Sabemos perfectamente que, con el soborno adecuado, es posible que la milicia haga la vista gorda y "accidentalmente" se produzca el ingreso ilegal de individuos indeseados, es decir, los stalkers.
El Cordón es en realidad una pradera conectada por una única carretera, apenas un par de cuadras en dirección norte se encuentra una aldea abandonada en la cual viven hacinados los stalkers más primerizos de toda La Zona. Se trata de turistas o personas que huyen de su pasado y, en busca de aventuras y motivos para vivir, vinieron al apocalipsis a intentar hacer algún dinero. Dentro de la Aldea de los Novatos se encuentra Wolf, un veterano de La Zona que se encarga de entrenar a los muchachos hasta que estén en condiciones de valerse por sí mismos. Él los comanda e instruye en las expediciones para recolectar artefactos, siempre por medio de sus ayudantes, pues Wolf nunca abandona el campamento. Al estar tan cerca de los militares es necesaria su presencia para mantener el orden y que éstos no abusen de su condición. 
En la misma aldea se encuentra un refugio antibombas devenido en sótano, que es habitado por Sidorovich, un anciano que otrora era licenciado en economía. Es una de las primeras personas en haber ingresado en La Zona. Un comerciante que posee la red más extensa de contactos, llegó a un acuerdo con los militares para permitirle ingresar mercancía de contrabando a cambio de información y mano de obra "barata" para los trabajos más duros. Este viejo sedentario construyó un imperio desde su búnker sin tener la más mínima idea de cómo sobrevivir en el exterior: no sabe empuñar un arma ni se atrevió nunca a dispararla. Sin embargo, sabe absolutamente todo lo que pasa en La Zona.
Probablemente sea el primero en instalar las PDA como medio de comunicación para todos los stalkers. Un precedente de los teléfonos celulares inteligentes, capaces de guardar datos, archivos de audio, notas personales e incluso enviar mensajes en un radio de 500 metros (más allá de esta distancia, se debe recurrir a un stalker intermediario que transmita la señal).
Siguiendo por la carretera hacia el norte, encontramos una vieja constructora abandonada en la que ocasionalmente se reúnen stalkers a pasar la tarde, justo frente al viejo puente de ferrocarril, ahora en ruinas por la falta de mantenimiento y que se ha convertido en una barrera tomada por los militares, que no permiten a nadie cruzar más allá (por este motivo casi no hay mutantes de éste lado del puente, solo alguna que otra jauría de perros). Evidentemente son selectivos a la hora de permitir el paso, pues con el monto de dinero adecuado siempre se pueden ignorar las normas. Aún así, un par de metros al oeste se encuentra un viejo túnel por el cual transportaban los materiales de construcción. Ahora está lleno de plantas venenosas y fugas de gas, pero siempre se puede cruzar "gratis" si se tiene el recaudo adecuado.
Cruzando el túnel se encuentra una granja que ahora es propiedad de los cerdos mutantes, éstos duermen durante el día y huirán si encuentran grupos de stalkers, pero se debe tener cuidado de no viajar solo o tener la mala idea de pasar de noche, pues estas criaturas se esconden en la oscuridad para cargar con fuerza contra las piernas de los humanos, que una vez inválidos sufrirán una lenta y dolorosa muerte al convertirse en la cena de estos amorfos radioactivos.
Al oeste de la granja hay una arboleda que conduce hacia los grandes pantanos, y al norte hay una avanzadilla que conecta la carretera con la región de Rassokha, a la que popularmente se la conoce como el Vertedero.

(Mapa de la zona del Cordón)

Allí se encuentra la mayoría de vehículos y maquinaria utilizada para "limpiar" el tejado de la Central Nuclear. Montañas enormes de basura corrosiva, un desguace de autos y camiones en donde un grupo de solitarios se enfrenta contra los bandidos que han montado un campamento muy cercano. En este lugar se encuentra un pequeño bosque lleno de anomalías, en el cual los jabalíes y bandidos están al acecho de cualquier stalker distraído que se pierda en alguna aventura. Al este de allí se encuentran unos viejos talleres metalúrgicos y granjas que son enteramente poblados por lobos y bandidos: allí opera su base principal. Reacondicionaron el complejo para hacer efectiva una prisión, donde encarcelaban a sus víctimas para exigir un rescate en forma de artefactos o dinero. Debido a la tenebrosidad de este sitio y el sombrío color de las vestimentas de estos criminales, a esta zona se la conoce como el Valle Oscuro. Allí los bandidos "crían" a los jabalíes monstruosos para comérselos. En la creencia popular, la maceración de sus carnes con vodka y pastillas de yodo vuelve comestibles a estos animales, o al menos limita las consecuencias que los alimentos radioactivos pueden producir en el cuerpo.

 

(Paneo general de la parte sur de La Zona)

Notarán que algunas áreas están sin identificar y que evidentemente en este mapa no aparece la Central Nuclear de Chernóbil. Por si la curiosidad despertó en usted, en un próximo texto que se titulará Bestiario ahondaré en cómo es la cotidianeidad en aquellas regiones que no cuentan con una presencia predominante por parte de alguna facción. Por el momento le bastará con saber que no hemos llegado ni a la mitad de este universo como escenario y una vez presentado adecuadamente, voy a publicar historias particulares de La Zona y de su gente.
A quien sea que se haya tomado la molestia de prestar atención a lo que escribí: muchas gracias, nos vemos pronto.

 


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