Qué rápido pasa el tiempo

 Hace varios meses que no escribo nada, sinceramente no es una práctica habitual en mí. Mi profe de taller literario estaría muy decepcionado. Ese mismo que tuve cuando cursaba el ciclo introductorio, en una materia de comprensión y escritura.

Era marzo del 19 y entró al aula, que es una de esas enormes del segundo piso, muy atípica para el hacinamiento que suele ser habitual en mi universidad. Vino con un pulóver negro a pesar de que seguía siendo verano, supongo que el fresco de la mañana o su estética símil Fito Páez lo forzaban a tenerlo puesto.

Se presentó, se llamaba Manuel y nos pidió sacar una hoja y plasmar en ella una breve descripción de nuestra persona. Un párrafo cortito, seis o siete renglones, ordenó.
Después, redobló la apuesta y dijo ahora, preséntense ustedes dentro de cinco años. Aquí es donde aparece el quid de la cuestión, que merece un párrafo aparte.

No recuerdo las palabras exactas que elegí. Sí que mencioné tres o cuatro cosas; tenía novia en aquel entonces, también tenía un grupo de amigos que conocí antes de empezar a hacer mi carrera, jugábamos prácticamente todos los días y si no, al menos estábamos en contacto. Yo estaba flaco, también, y lo único de lo que estaba lleno era de incertidumbre sobre mi futuro académico.

Lo curioso es que hoy recordé ese día, y ha llovido tanto desde entonces que me resulta curioso recordar a la perfección algo que Manuel nos enseñó ese día. Cuando uno escribe un texto y lo deja ahí, con el tiempo se olvida y le es imposible recordar exactamente qué es lo que se escribió. No podía estar más acertado. Mis esfuerzos por precisar qué predije aquel día son inútiles. Lo que sí creo es recordar mis sentimientos de aquel día.

Estoy casi seguro de que, palabras más o palabras menos, vaticiné seguir en esa relación amorosa, tener una continuidad más o menos "normal" en la medida de que la facultad me lo permitiera sobre mi vida social y mis amigos y, quizás la más difícil de cumplir, por una cuestión de ser mía, el seguir flaco.
Adivinen cuántas de esas cosas siguen vigentes no cinco, sino cuatro años desde entonces.
Exactamente, ninguna. Con mi novia las cosas terminaron mal desde lo sentimental y en buenos términos desde la madurez. Desde entonces no volví a tener una relación formal. Supongo que el enamoramiento distorsiona la percepción y, ante la duda, intento quedarme piola para no tropezar dos veces con la misma piedra.

Con mi grupo de amigos, nunca más nos juntamos, algunos dejaron la carrera o directamente desaparecieron. Son muy esporádicas mis conversaciones con ellos, también por una forma de ser mía, si algo me da paja no pongo demasiado de mi parte, por no decir nada. Otros amigos vinieron, de otros ámbitos. De la facultad, de las redes sociales, del internet. Quizás no es lo convencional pero en un sentido social estricto, no me va mal.

Lo que me pregunto es por qué el tipo que escribió esas palabras ya no existe. Si desapareció o simplemente se cansó. No me reconozco, no me veo reflejado en él más allá de la nostalgia de un pasado cercano pero a la vez distante. Ese no es yo, yo no soy ese, chicos.

Es otro, es el otro, lo que pudo ser, o quizá es una visión optimista, un potencial estudiante de historia con sueños de adolescente ingresante. Hoy, que estoy cerca de ser un profesional saliente, siento que nada tengo que ver con aquel. No es mi vida la que visualicé hace un par de años, ni soy el mismo yo que empezó este camino.

El paso del tiempo es un enlace permanente con nuestra condición de humanidad, no sé si cambiaría algo de este presente, a pesar de recordar con anhelo cosas de aquel pasado. Cambié mucho, me rompí algunas veces y otras tantas volví, no sé si más fuerte, pero con optimismo. No sé si soy el mismo de ayer o alguien nuevo en el hoy.

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